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¿Luchas o vuelas? tu respuesta determina cómo actúa tu sistema inmune





Fue Canon (1932) quien dio nombre a la repuesta que el organismo daba ante una situación de emergencia a la que llamó Fight or Fligh. Él describió cómo la respuesta fisiológica del estrés nos permite reaccionar ante una situación de emergencia;

- con todo nuestro potencial físico

-superar el peligro

- lograr un proceso de adaptación frente a las circunstancias que nos rodea.

Más tarde El principio de adaptación fue descrito por Selye y se caracteriza por un síndrome de adaptación general como una respuesta fisiológica representado por tres fases.

· Reacción de alarma: las glándulas adrenales producen adrenalina y cortisol con el propósito de restaurar la homeostasis.

· Fase de resistencia: la adaptación del organismo llega a un estado óptimo. Si el estresor persiste se llega a una tercera fase.

· Agotamiento: el organismo abandona el proceso de adaptación y culmina en la enfermedad o muerte.



Estas respuestas se desencadenan ante un evento que se considera una emergencia. Curiosamente el organismo desata esta respuesta como un mecanismo protector, ya que su función principal es recuperar el balance del organismo.

¿Pero qué ocurre cuando esta repuesta se prolonga en el tiempo?

Esto es lo fascinante, esta respuesta que un principio es protectora, si se prolonga en el tiempo actúa de forma opuesta. Es decir, la misma respuesta se convierte en causa del desequilibrio de los distintos sistemas involucrados trayendo procesos de enfermedad y muerte.

Actualmente estamos ante una situación de emergencia ante el Covid, por lo que reacción ante esta situación de emergencia, sería desencadenar una respuesta de estrés tal y como hemos descrito anteriormente.

Pero no tiene por qué ser así, ya que para que esta respuesta se dispare, es necesario que sea percibida por una persona como amenazante. Esto lo describieron Lazarus y Folkman en su modelo de estrés, quienes afirmaban que para que se active la respuesta fisiológica de estrés, es necesario que la persona evalúe previamente la situación como una amenaza. Y no sólo eso, son que también hace una evaluación muy rápida con respecto a si considera que dispone de recursos personales para afrontarla.

Está claro que el estrés sigue siendo un concepto ambigüo. Unos lo consideran un estado indeseable de; preocupación, temor, irritabilidad, tristeza y dificultad para manejar adecuadamente las situaciones que causan frustración, sin embargo para otros se convierte en un reto que motiva a la obtención de logros y metas en la vida.

Por esta razón podemos encontrar diferencias en la distintas respuestas que las personas han dado a esta situación. Mientras unos se han crecido ante ella, otros se han paralizado…

Esta percepción de carácter individual, será determinante ya que será el percibir la situación como estresante lo que debilite o no nuestro sistema inmunológico. Y es curioso, ya que entramos en una rueda, si percibimos amenaza se dispara la respuesta de estrés ante el virus, ésta respuesta sostenida debilita al sistema inmunitario y a los demás sistemas que interactúan con él, obteniendo como resultado más posibilidades de contraer el virus por la caída de nuestras defensas.

Tal y como nos lo cuentan los estudios realizados en neuroendocrinología se demuestra, que cuando la respuesta del estrés percibido se transforma en un proceso crónico facilita el inicio de un estado de distrés emocional en la que se observa una excesiva utilización o manejo ineficiente de hormonas, corticoesteroides y catecolaminas por parte de los ejes neuroendocrinos. Digamos que nos volvemos ineficientes….

Este estado de distrés emocional o estrés crónico, produce un impacto negativo en el sistema nervioso activando cambios bioquímicos y un desbalance hormonal que repercute en los sistemas endocrino e inmune. Este proceso nos permite entender y apreciar la naturaleza multidireccional de las interacciones entre los estresores, el cerebro, el sistema inmune y endocrino.

Está claramente establecido que este impacto negativo propicia el desarrollo de un significativo número de enfermedades de carácter sistémico como por ejemplo:

  • La inflamación crónica

  • La artritis reumatoide

  • Fibromialgia

  • Fatiga de las glándulas suprarrenales

  • Enfermedades cardiovasculares

  • Hipertensión

  • Diabetes tipo 2

  • Obesidad

  • Síndrome metabólico

  • Asma

  • Cáncer

  • Depresión

  • Y otras enfermedades inmunosupresoras.



Podemos concluir que todo depende de nuestra mente, de cómo percibimos y evaluamos nuestro entorno y no sólo de eso, si no de la percepción propia de hacerle frente a la situación. Dicho de otra forma, de nuestro autoconcepto y valía personal para afrontar la adversidad. Una forma de conocernos es observando nuestra respuesta. Sería interesante preguntarse ¿Cómo he reaccionado yo ante esta situación? Porque en la respuesta descubrirás qué concepto tienes sobre ti mismo o misma. Cómo tu subconciente cree que eres en realidad.

En los próximos artículos os contaré de qué depende que evaluemos una situación como amenazante o no, y qué factores están implicados en este proceso, ya que para determinar esto como hemos visto, no solo podemos atender a la naturaleza del evento, sino a los recursos personales que cada uno considere que tiene para hacerle frente a la situación.


Si quieres profundizar más en y aprender cómo volar en vez de luchar, es decir cómo hacer frente a la situación con una mentalidad adecuada puedes reservar una entrevista Aquí

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Cristina Ballenilla Reina 

Tlf: 651 043 319

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