Una Maternidad Consciente


En los último años ha sido enorme la bibliografía acerca de cómo educar y criar a los bebés.

Se ha despertado un gran interés por hacerlo de la manera más adecuada, sin embargo cuando un@ empieza a investigar y a leer se encuentra con la controversia de siempre.

Unos expertos dicen una cosa, mientras otros dicen lo contrario… siendo el resultado un estado de confusión aún mayor. Incluso sentimientos de culpabilidad al haber aplicado un estilo de crianza que después parece ser menos acertado.

Esto es algo que ocurre con todos los temas. Es difícil determinar qué es lo más apropiado ya que es algo bastante subjetivo. Cada niño es único y necesita cosas diferentes en momentos diferentes. Pero es cierto que las normas generales pueden orientarnos algo en cuanto al estilo de crianza.

Este fenómeno siempre se ha dado, anteriormente eran las mamás las fuentes de información y cuando una te decía qué hacer, otra te decía lo contrario.

Entonces ¿Cómo darle una educación apropiada a un hij@? Este proceso forma parte de nuestra propia educación, el desarrollar la capacidad de discernir qué le viene mejor a nuestro hij@ en distintos momentos, teniendo en cuenta la gran diversidad de información al respecto.

Primero tendríamos que definir el término “educación”

Entendemos por educación ; el proceso de facilitar el aprendizaje en todas partes. Conocimientos, habilidades, valores, creencias y hábitos de un grupo de personas que los transfieren a otras personas, a través de la narración de cuentos, la discusión, la enseñanza, la formación o la investigación.

Y la pregunta que para mi más relevancia tiene es ¿qué tipo de educación tiene cada progenitor?

Aquí quiero hacer énfasis, ya que no me refiero sólo a la educación cultural o de conocimientos. Ésta digamos es fácil de transmitir…. Me refiero a la educación de los

“valores”. Esta educación está inherente en cada gesto, conducta o intercambio que se hace con el hij@.

Hay que tener bien claro qué valores queremos transmitirles a los hij@s y para ello es necesario preguntarse qué valores manejamos nosotros mismos en nuestro día a día, ya que somos un reflejo de su comportamiento.

El aprendizaje que ellos adquieren va mucho más allá de las palabras o de la comunicación verbal. El aprendizaje es un “todo” cuya máxima radica en el vínculo que se establece desde que nacen hasta que pasan unos años.

El objetivo, como la definición dice es Facilitar su proceso de maduración y desarrollo. Pero este proceso muchas veces se ve interrumpido o desviado por nuestros propios conflictos emocionales.

Ahora que estamos volviendo a una educación más instintiva, donde le damos más valor a las necesidades del bebé, tendemos a obviar o pasar por alto el “sentido común”.

Como siempre los humanos, vamos de extremo a extremo y nos cuesta encontrar el punto medio de equilibrio. Es difícil determinar el punto medio, ya que queda supeditado a las circunstancias y contexto. No es lo mismo determinar el punto medio en una persona que ingiere una dieta alta en azúcares y se le pide que encuentre un balance, que hacerlo en una persona que consume menos cantidad. Los indicadores serán diferentes en uno u otro.

Sin embargo aunque son muchas las variables que influyen en el proceso, hay algo que no cambia. Los hechos y resultados que se obtienen, lo que determina el “sentido común”.

Si conocemos cómo es el proceso de aprendizaje de los seres humanos, cómo reaccionamos ante un estímulo y que esa reacción tiene una consecuencia, no deberíamos de obviar que existen ciertas pautas en la educación que no son apropiadas.

¿A qué me refiero exactamente? Últimamente me he encontrado casos de mamás que acuden a grupos de terapias o formativos donde se dan unas pautas para la educación de los bebés. En estos grupos cada uno informa o transmite aquello que considera más adecuado, e imagino que se apoyaran en datos o evidencia que contraste su información, el problema es que esto no siempre es así.

He escuchado que afirmaciones tales como que el no es sano que el bebe llore ya que genera en su cuerpo una liberación excesiva en los niveles de cortisol afectando a su desarrollo madurativo. En afirmaciones como estas es donde digo que habría que aplicar el sentido común.

¿A caso no es condición humana el llanto? Hay algo más antinatural que evitar que éste suceda. El llanto cumple una serie de funciones vitales en la vida de un bebé. Tanto a nivel biológico como madurativo. Existen distintos tipos de llanto y es cierto que un llanto excesivo puede producir un estrés tóxico.

Quizás pueda evitarse la liberación de cortisol del bebé en etapas tempranas de desarrollo envolviéndolo en una capsula dorada, pero ¿qué ocurrirá cuando éste tenga que exponerse a situaciones que se dan en la vida real?. ¿Cómo serán sus niveles en la liberación de cortisol y cómo actuará su sistema inmune?¿ Con una respuesta equilibrada o totalmente descompensada?

Usemos el sentido común, veamos si en el día a día nos exponemos a pequeñas situaciones que generan en nuestro organismo un pequeño desequilibrio el cuerpo rápidamente volverá a recuperar su homeostasis. Pero ¿qué ocurre si nos exponemos ante un suceso muy estresante? El desequilibrio que se dará en nuestro organismo alcanzará un pico y éste quedará mantenido en el tiempo generando una respuesta totalmente descompensada.

Y lo más importante ¿qué es el estrés? Es una valoración subjetiva, por lo tanto si una persona no lidia con pequeñas situaciones en su día a día, la percepción de la realidad será totalmente diferente, de aquél que si lo haga. Esto es algo crucial, entender esto es vital en la educación.

También hay que tener en cuenta el origen de ese llanto. Puede ser por necesidades fisiológicas insatisfechas o emocionales. Pero ¿qué ocurre si yo acostumbro al bebe a estar constantemente en brazos de su figura de apego?¿qué ocurrirá cuando no pueda atenderlo un segundo o darle un afecto constante? El bebé habrá aprendido a tener a su disposición algo y privarlo de ello le generará un estado de desequilibrio, generándose así conductas que no son adaptativas.

Es importante tener en cuenta el origen de la situación “ estresante”,tenemos que tomar responsabilidad en el origen del llanto, ya que nuestras pautas educativas pueden hacer que se generen estados en el bebé que después difícilmente puedan ser modificados y que limiten su desarrollo, aunque creamos que es lo mejor para él.

No estamos aquí para limitar a los bebés, y mucho menos para ir en contra de su propia naturaleza. Estamos aquí y hemos elegido ser padres o madres para facilitar el proceso evolutivo del bebé, para crear a un SER libre, independiente y capaz de desenvolverse en su día a día de la forma más adecuada posible. Esto es un pilar fundamental en la felicidad de un niñ@.

No es fácil educar a un niñ@, es lo más difícil que hay en esta vida, conlleva una gran responsabilidad. No es fácil verlo llorar, ni ver que se enfada por no obtener lo que quiere… sin embargo es vital que vaya aprendiendo progresivamente a lidiar con la frustración, dado el mundo en que vivimos. Es nuestra misión y/o responsabilidad el dotarle del mayor número de herramientas para que tenga una evolución sana. Y esto implica poner límites; los límites son amor. Implica tener una visión a largo plazo de cómo cada conducta determinará su ser en este mundo. Algo que puede parecer beneficioso a corto plazo, a largo plazo puede tener unas consecuencias aversivas.

Esto ocurre en todos los aspectos en la vida del ser humano actual o “moderno”, nos han enseñado a vivir sin pensar en un mañana y estamos programados para obtener las cosas a corto plazo, creándose como consecuencia; una gran intolerancia a la frustración, falta de persistencia en las tareas, falta de compromiso con las mismas, falta de esfuerzo y disciplina, falta de satisfacción y una gran sensación de vacío interior. Un vacío que nada lo llena, por no haber aprendido todo lo anterior.

Los límites les hacen libres y te hacen libre. Y para educar en la libertad a un SER hay que conocerla, a eso me refería cuando hablaba de los valores.

Ya depende de cada uno qué tipo de educación quiere darle a su hijo, y sobre todo si está dispuesto a aceptar las consecuencias que ésta conlleva. Actuar ignorante en un mundo colmado de información, es una elección que tiene consecuencias (todo tiene consecuencias). Es cierto que no disponemos de tiempo necesario para aprender biología, química, psicología etc para conocer los efectos “reales” que se producen en el desarrollo madurativo del niñ@ pero para desarrollar el sentido común hay que comulgar lo que está fuera y lo que uno siente dentro.

“La sobreprotección es un tipo de maltrato.”

¿Qué estás satisfaciendo sus necesidades o las tuyas propias?

¿Estás repitiendo patrones educativos? Ya sean por semejanza o por opuestos. Un ejemplo de esto es dar en exceso lo que fue negado durante la infancia.

¿Cómo te sientes enérgicamente? Esto te ayudará a evaluar tu estado.

¿Concilias tu vida familiar con otras facetas de la vida? ¿De qué has prescindido?

¿Cuánto tiempo al día te dedicas a ti mism@?

“Una vida humana es un tesoro que debe brillar, y para ello no hay que pulirlo, sino dejarlo en su estado natural, ella sabrá qué limar”.


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Cristina Ballenilla Reina 

Tlf: 651 043 319

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